DANIELA CRUZ

 

Alguien

Alguien grita mi nombre con sus manos, deja escapar de su boca mis letras personales. Alguien se imagina unos dedos dibujando la espalda que imagina donde está la espalda que poseo. Alguien se duerme con mis labios inventando una frescura ártica en la orilla de una madrugada. Alguien intenta arrullarme cada mediodía alterando la rutina de las tandas laborales. Alguien comparte conmigo su soledad y juega con la luz que entra por mis ojos. Alguien conspira a favor de una noche hacia el sur, de un camino que sabemos no será de mar ni de flores amarillas. Alguien descubre los fantasmas que asechan mis pies. Alguien persigue mi maldad desandando sus huesos. Alguien quiere escucharse con mi voz en las mañanas, saberse atado en mi cuello.

 

Desandando los pasos

Ya somos sombras de una ciudad que no nos pertenece. Desandamos los pasos de años, de tardes soleadas y noches lluviosas, de bancos y parques, de aceras milenarias, de polígonos convertidos en paredes y gente viva.

¡Pero si el banco está roto, intentando llevarse en sus migajas a Cortázar y su beso, el abrazo eternizado en la cara de la luna! Seguimos cortando esquinas, en una ruta ciega de recuerdos saladamente tibios, como el sexo. De nuevo creemos ser esa estampa juvenil desatinada que rompe costumbres y desafía policías morales, de nuevo nos miramos destilando esa mezcolanza dulce y picante que transita en los amantes: lujuria.

Damos de comer a las palomas alojadas en la lengua, medimos la biperina longitud que escupe nuestra voz quejumbrosa, nos cortamos angustiados el aire, angustiadamente azucarado ese ir muriendo de la mano por la Sully, esa caricia rota en la galería ajena. Esa furia vidente, pantomima del calor apaciguado con abrazos.
No quisimos cobijarnos en la penumbra, pero la luz rompe los cristales con que hieres mi espalda, por eso el hueco de cada cita en el Colón a la hora de la misa de la tarde. Por eso la incertidumbre de la puñalada que nos mata, por eso el autobús y las habitaciones prestadas, por eso la mentira del nunca. Por eso...

Ya somos sombras de una foto que nunca imprimimos, que esconde la desnudez de una madrugada de asombro decembrino. Ya somos sombras de un encuentro brindado con ron y oscuridad de esta ciudad ajena. Ya somos sombras de nombres, de felpa y soltería. Quedarán los números, la música y la poesía diluyendo las memorias saladas del cuerpo.

Y la calle no recordará ningún paso desandado, negará mi voz ahogada como se niega el amor cuando duele.

 

Costumbre

La mayoría sella todo con un beso. Nosotros, lo rompimos todo. Con un beso rompimos la belleza del beso en Cortázar, rompimos el fuego. Rompimos la inocencia de los bancos de los parques, el silencio de la lluvia al caer en las calles de la ciudad. Rompimos la brisa, el paisaje de las autopistas. Con ese jugueteo de lengua y labios rompimos el respeto a los pasajeros de los autobuses, a los niños de pierna y pecho. Rompimos el miedo a la intensidad, a la malicia de sabernos húmedos. Con un beso rompimos la madrugada y la multitud cercándonos, rompimos la violencia de la sangre. Y con un beso romperemos la costumbre de sabernos propios.

 

Pesadilla

He vuelto a soñar con fantasmas, que rodean mi sombra y no sé qué buscan en mi cuerpo. Los besos tienen sal y azúcar, pero siempre les gustó la amarga sensación de la irrelevancia. Mi cuerpo tiene amaneceres en las costillas y ellos aman la noche con eternidad amanecida en los bares. Ya no se qué más decirles para dejarlos conformes y que me abandonen aquí frente al recuerdo de mis manos llorando una muerte cercana.

 

Cerrando⁄abriendo los ojos 1

Tú y tus calambres mortecinos de los domingos en la mañana.

 

Amanecida 1

Te pones a rastrillarme las pocas ganas de llamar al delivery que me quedan. Se que te encienden los tríos con gente común, para conocer la perversión de los normales. Luego te da por buscarlo trío de veces más para azotarlo en solitario. Y cuando lo tienes a tu verga (en los pies no sientes tanto) le estrujas en el culo tu dependencia a los sábados de cogidas conmigo y los lunes de mamadas en la última butaca del cine. Esta es la maldición de ser tan sincero en las terapias de pareja los martes.

 

7

Sí. Ha retornado el domingo y sus aires me han recorrido a cuerpo entero. El ángel terreno y yo hemos pendulado inciertamente, y un sabor a nube matutina se disuelve en agua sulfurosa. Ahora, en la escalera negra del teatro, la gente de este mundo me rodea. Se saludan, se despiden y yo aún tiemblo con el calor oculto y el espejo en el bolsillo.

El sol ya no puede acariciarme, pero la piel se me quema: reconozco la soberanía del calor de los cuerpos, del cuerpo del ángel. Las cifras se siguen multiplicando infinitas y yo sonrío con la dicha bajo las uñas.

 

46

He callado tanto tiempo, como si esperara algo o como siempre no esperara nada. El frío me puebla ahora, y ya no sé qué decir o pensar o no pensar. Y no sé si hay ángeles o tierra o alas.

El frío persiste como la noche. Y me siento desfigurada en el espejo, con el rostro marcado por la luz. Mi voz ya no despierta, permanece acunada en mi garganta y también espera otro tiempo nuevo. Ya no sé si espero. El ángel terreno agita sus alas simplemente.

Ahora lo veo: no tiene halo, ni túnica blanca, las alas eran reflejo de la luz. Solo queda el vuelo y la eterna invitación a volar al infinito conmigo.

 

Duda

Si es falso
el color de las flores en la mesa
o la luz fluorescente de la lámpara china,
y si no existe la mariposa
que adorna el techo
o las hormigas que bordean
una grieta en la pared,
y si la mañana no es
un pedazo de reloj encendido
¿cómo saber si tus palabras
no son polvo de un camino trasnochado?

 

El camino de la cobardía

Me dicen que te fuiste
por el camino de la cobardía
tomaste la cuerda de los desesperados
y el último aliento nos quitó tu risa serena
nuestra lluvia no llegará nunca para mojar tus manos
ni tu voz resonará
nada será suficiente para olvidarte
no podrán hacerme dudar de tu mirada
y cada lunes te veré llegar
como si el tiempo detenido en los años de mi felicidad
te trajera de nuevo
a mis ojos infantiles

 

Daniela Cruz  (Santiago, 1984) Periodista de Listín Diario y conductora de los Miércoles Literarios del programa Radial Bajo La Luna.  Miembro fundadora del Taller Literario del Centro (TLC) del Centro de la Cultura Señorita Ercilia Pepín de Santiago.  Entre otros sitios su obra se ha publicado en  Safo: las más recientes poetas dominicanas (ediciones Ángeles de Fierro, 2004) y   Milagro de Jueves, antología poética del TLC (Editora Nacional-Ediciones Ángeles de Fierro, 2005). Fue ganadorra  del  Premio de Poesía Pedro Mir  de Funglode del 2008. Lleva un blog en: delsolconsanluis.blogspot.com